HCA image for kids type 1 diabetes Como cualquier padre sabe, la crianza de los hijos no es fácil. Los padres de niños con diabetes tipo 1 o insulinodependientes enfrentan los desafíos habituales de la crianza más las cuestiones propias de la enfermedad. Hasta las actividades más simples, como una fiesta de cumpleaños o jugar a la pelota, pueden ser estresantes si no se las planea con cuidado.

Los niños con diabetes deben mantener la glucemia estable para garantizar que su crecimiento, su desarrollo y su estilo de vida sean normales. Si bien los médicos y los nutricionistas son los encargados de indicar el tratamiento específico que su hijo necesita, los siguientes consejos lo ayudarán a enseñarle cómo vivir con esta enfermedad.

Cómo ayudar a su hijo a adaptarse a vivir con diabetes

A medida que crezca, su hijo tendrá muchas preguntas sobre la enfermedad. Sin embargo, es importante recordar que si bien la diabetes es una parte importante de la vida de su hijo, no es la única. He aquí algunas pautas que lo ayudarán a transmitirle no solamente conocimientos, sino también una actitud positiva en cualquier aspecto de su corta vida.

Habrá momentos en los que su hijo se opondrá a la rutina de hacerse los análisis de sangre y aplicarse las inyecciones. Trate de prever qué tipo de problemas pueden aparecer de acuerdo con los antecedentes de su hijo. Cuando su hijo se muestre muy renuente a cooperar, es posible que sienta la tentación de saltear un análisis o una inyección. Si lo hace, en lugar de beneficiarlo lo perjudicará. Es importante mantener la rutina y no entrar en negociaciones. Mantenga las vías de comunicación abiertas para descubrir cuáles son las verdaderas razones de ese comportamiento.

Bebés y niños pequeños

Los niños menores de dos años son demasiado pequeños para entender qué sucede. Mantenga la calma y trate de hacer el análisis de sangre y aplicar la insulina rápidamente. Consuele y tranquilice a su hijo después.

Niños en edad preescolar

Explíquele términos relacionados con la diabetes y qué es lo que está haciendo para tratar la enfermedad usando palabras simples repetidas veces. Cerciórese de que su hijo entienda que la enfermedad no se debe a algo que él hizo y que las medidas que toma permiten estabilizarla. Repítale que el control de la diabetes le permite hacer lo que más le gusta. Deberá seguir repitiendo estas palabras de aliento después del preescolar.

Niños de cinco a doce años

Poco a poco, permítale que se vaya haciendo cargo de más tareas relacionadas con la diabetes, como la planificación de las comidas y la medición de la glucemia, pero no se desentienda. Tome en cuenta la madurez, las habilidades, la disposición y el interés de su hijo para determinar cuánto puede hacer y cuándo. Asimismo, respóndale todas las preguntas que tenga y asegúrese de que pueda hablar sobre la diabetes libremente. Esto ayudará a que sus compañeros también se sientan cómodos con la enfermedad.

Adolescentes

La adolescencia es una época de rebelión y experimentación. La pubertad se caracteriza por los estirones y los cambios corporales, lo que dificulta aún más el control de la glucemia. Esto puede llevar a un mal manejo de la enfermedad. Por lo general, los adolescentes no piensan en las consecuencias de saltear una prueba y una inyección. Pueden no entender o pueden no importarles las implicaciones a largo plazo de la falta de control de la glucemia y los riesgos que acarrea la diabetes.

Ayude a su hijo a atravesar esta etapa siendo honesto y comprensivo y brindándole apoyo. Bríndele datos sobre la diabetes y sobre cómo los afecta lo que eligen. Pida ayuda a los maestros o a asesores de ser necesario. No olvide: trate de prever las tentaciones propias de la adolescencia, como el alcohol, y dele las herramientas que necesita para enfrentar estas tentaciones sin dar lugar a complicaciones desastrosas.

Mantenga la glucemia dentro de valores saludables

La glucosa es el principal azúcar que se encuentra en la sangre y que el organismo utiliza como fuente básica de energía. Es importante mantener la glucemia dentro de valores saludables, entre 70 y 120 mg/dl (miligramos por decilitro) (3,9 a 6,7 mmol/l [milimoles por litro]). Es importante mantener niveles estables de glucemia para prevenir o retardar los problemas relacionados con la enfermedad.

Tanto a padres como a jóvenes puede resultarles difícil reconocer cuándo la glucemia está baja. La hipoglucemia (poca azúcar en la sangre) puede causar grandes problemas. Entre los signos de hipoglucemia, se incluyen:

    
  • Temblores, ansiedad o palpitaciones
  • Sudor
  • Hambre
  • Confusión o conductas extrañas
  • Convulsiones
  • Fatiga
  • Dolor de cabeza
  • Visión borrosa
  • En caso de episodios más graves, el paciente puede morir o entrar en coma. Asegúrese de trabajar en conjunto con los médicos y los diabetólogos para poder reconocer y tratar de inmediato estos episodios.

    Por el contrario, los niveles de glucemia medianamente elevados en general no provocan síntomas. El daño causado en el organismo por las elevaciones moderadas de la glucosa se va agudizando con el tiempo y con ello, aparecen gran cantidad de complicaciones graves a largo plazo.

    Medición de la glucemia

    La medición de la glucemia es la herramienta básica utilizada para hacer el seguimiento de los niveles de glucosa en sangre. Se realiza tomando una gota de sangre (por lo general, del dedo) y examinándola en un glucómetro. El pediatra le dirá cuándo y con qué frecuencia debe controlarle la glucemia a su hijo y cuáles son los valores adecuados. La mayoría de los médicos recomienda hacer la prueba de sangre a distintas horas del día, a veces antes y a veces después de las comidas.

    Insulina

    Debido a que los niños con diabetes tipo 1 no producen insulina por sus propios medios, deben aplicarse inyecciones de insulina. La mayoría necesita al menos dos aplicaciones por día y a veces tres o más. Estas aplicaciones deben espaciarse adecuadamente a lo largo del día y realizarse a la misma hora todos los días. Los médicos tratan de diseñar un programa de insulina para cada niño, el cual imitará lo más cercanamente posible a la respuesta normal de la insulina a cada alimento y refrigerio. Algunos niños pueden usar una bomba de insulina, un dispositivo que proporciona un flujo de insulina constante ajustable y que suele eliminar la necesidad de las inyecciones diarias.

    Debido a que cada niño es diferente, no hay una regla fija que establezca cuándo pueden empezar a aplicarse la insulina solos. A los catorce años, la mayoría de los jóvenes tiene la capacidad (no la obligación) de aplicarse las inyecciones solo. Hable con el médico de su hijo para saber qué es lo mejor para él.

    Además de medirse la glucemia y de aplicarse la insulina, su hijo deberá llevar un registro de las mediciones. Esto permitirá que el médico, el nutricionista o la enfermera puedan trabajar con usted y su hijo en caso de que sea necesario introducir cambios en el plan de manejo de la diabetes.

    La diabetes y la dieta

    Las personas diabéticas tienen las mismas necesidades nutricionales que cualquier otra persona. A diferencia de lo que mucha gente cree, los niños con diabetes pueden comer prácticamente cualquier cosa. Sin embargo, los niños que toman insulina deben determinar cuánto van a comer en cada comida. Además, deben regular la ingesta de carbohidratos en función de la cantidad de insulina inyectada. La dieta y los requerimientos de insulina pueden cambiar en función de factores, como el peso, la cantidad de ejercicio, la edad y otras enfermedades. Lo ideal es elaborar un plan de alimentación basado en los horarios de clase, almuerzo, gimnasia y actividades vespertinas de su hijo y ayudarlo a cumplirlo lo mejor posible.

    En general, para comer bien, un niño con diabetes tipo 1 debe:

        
  • Seguir una dieta con pocas grasas saturadas que incluya un gran surtido de granos integrales, lácteos descremados y mucha fruta y verdura.
  • Comer más o menos la misma cantidad todos los días. Hacer ajustes de acuerdo con la cantidad de actividad o ejercicio planeado para ese día.
  • Hacer las comidas y colaciones más o menos a la misma hora todos los días (sin saltear ninguna).
  • Comer enseguida después de la aplicación de la insulina, en especial si se le ha indicado insulina de acción muy rápida.
  • Estar preparado para las urgencias. Los niños, sus maestros o la enfermera de la escuela deben tener a mano las recomendaciones del médico para tratar la hipoglucemia por si se necesitan. En la mayoría de los casos, el tratamiento consiste en administrar alguna forma de azúcar, pero a veces puede recomendarse la aplicación de una solución inyectable de la hormona glucagón.
  • Toda vez que salga, su hijo debe llevar bocadillos saludables, como fruta o frutas secas, y dinero por si necesita comprar comida.
  • Aprenda a leer las etiquetas de los alimentos para saber identificar los carbohidratos, las grasas y otros nutrientes, y cuál es el tamaño adecuado de las porciones.
  • Si bien no debe prohibirle que coma bocadillos que solamente aportan calorías, como las galletas o las tortas, ni que compre el almuerzo en la escuela, debe alentarlo a que haga elecciones saludables. Toda vez que sepa que su hijo va a comer cosas muy dulces, como en una fiesta, es posible que deba llevar más insulina. Prepárese con anticipación para estos acontecimientos. Hable con el maestro de su hijo o los padres de sus compañeros para que lo ayuden a reforzar los hábitos alimentarios sanos cuando esté fuera de casa.

    La diabetes y el ejercicio

    Es muy importante que los niños con diabetes participen de deportes en equipo y tomen clases de gimnasia. No solo refuerza la autoestima y mejora la salud general, sino que también ayuda a controlar el peso y a reducir los niveles de glucemia.

    Hable con su hijo y el médico o diabetólogo para preparar un programa de ejercicio. El médico probablemente le recomendará combinar ejercicios aeróbicos, de estiramiento y tonificadores. Cerciórese de que su hijo comience de a poco y que vaya aumentando la intensidad y la duración de las sesiones gradualmente. Asimismo, enséñeles a su hijo, a los instructores de educación física y a los entrenadores a reconocer los signos de hipoglucemia.

    Para prevenir las consecuencias de un bajón de glucosa, su hijo debe:

        
  • Beber abundante cantidad de líquidos antes, durante y después de hacer ejercicio.
  • Hacer ejercicio más o menos a la misma hora todos los días. Pídale a su hijo que lleve bocadillos, como pretzels o galletas saladas con queso o mantequilla de maní, por si surgen actividades no planeadas.
  • Si su hijo sufre una hipoglucemia, debe dejar de hacer ejercicio y seguir las recomendaciones dadas por el médico para estos casos.

    La diabetes y la escuela

    Una vez que los niños alcanzan la edad escolar, es importante que los padres establezcan una buena relación con la enfermera de la escuela a fin de que esta pueda ayudar en caso de que se presenten problemas en el ámbito escolar. Como ocurre con cualquier niño, es importante que los padres tengan una relación estrecha con los maestros para poder detectar problemas y solucionarlos.